miércoles, 19 de septiembre de 2012

Pequeños detalles, grandes SONRISAS.

Llega el momento, de darse cuenta de cosas que hicimos mal, que te das cuenta, pero son cosas que todos hacemos.
Llega la hora de poder dar el paso de no depender de cosas que solo te traen problemas, de admitir que las cosas ya no son como eran.
Que ya no quiero cuentos de princesas, simplemente una persona que sepa apreciarme de verdad y que me quiera.
Que me diga cada día que me quiere, o con cada dos me basta.
Que soy con quién quiere estar, pero para, eh, no, qué no me mienta, eso nunca.
Sonrío por momentos que he vivido, que sé que nunca más sucederán, porque si me dedico a lamentarme por un pasado, no estoy mirando a lo que importa, que ahora es el presente, mañana el futuro.
Que si me caigo, me vuelvo a levantar, que puedo decir que me faltan fuerzas, que más da, las recuperaré, porque podré con cada problema y bache que se me interponga en este camino llamado vida, o más bien eso intentaré.
Trato de ignorar cosas que no merezcan la pena por las que pasarlo mal, son malos días, en la que ahí fuerza parece que me falta, pero como tal dije la recuperaré.
No más mentirme a mi misma sobre lo que quiero o necesito, haré que se acaben esas mentiras.
No más hacer cosas sin sentido, sin antes haberlas pensado.
No más prometer si estoy segura, porque nada es seguro.
No seré perfecta, pero tampoco quiero serlo, todos intentamos alcanzar eso llamado perfección, que ni siquiera existe.
Se nombra, pero no hay nada ni nadie que consiga ser perfecto.
Me gusta ser como soy, decir cada cosa que pienso en cada momento, o por lo menos ser sincera con las personas que se lo merecen, esas personas que me han tratado bien, querido y ayudado.
Palabras últimamente me faltan, pero lo que me sobra es coraje, para poder decir que los malos tiempos, por ahora han acabado, que ahora veo venir una buena etapa de mi vida, una etapa que pienso disfrutar, sonreír, y vivir al límite.
Después de la tormenta, luego sale el sol, aunque parezca que nunca lo vaya a hacer, cuando veamos una sonrisa en nuestro rostro, nos daremos cuenta de que la tormenta se acabó, que ahora toca sonreír.